Nunca es tarde para tener una infancia feliz



¿Sientes que hay emociones, sensaciones, creencias, pensamientos que te acompañan durante toda tu vida?


Nuestra manera de actuar, de sentir, de entender la vida viene de todo lo que hemos vivido en la infancia. Todo empieza antes de nuestra concepción.


Ya desde nuestro ARBOL GENEALÓGICO, nuestros ancestros ponen en nosotros una información que traemos grabada en el ADN, y que aceptamos por amor de manera inconsciente, para sanar las heridas del clan.


A fin de sobrevivir y adaptarse lo mejor posible al mundo que le rodea, la niña o el niño deberá, desde su vida intrauterina, absorber toda la historia del linaje al que intenta pertenecer.


En el momento de la concepción, incluso nueve meses antes de la fecundación, el estado emocional y lo que en ese momento están viviendo papá y mamá se quedará grabado en nuestro inconsciente. La intención, el por qué y el para qué nos quieren traer, será vital para manejarnos en la vida, esto se llama PROYECTO SENTIDO.


Los nueve meses de GESTACIÓN son también decisivos en nuestra vida. Mamá y Yo somos uno. Lo que mamá siente y piensa, cómo vive ese embarazo, cómo es su autocuidado, llega al bebe a través de la sangre y el líquido amniótico. Un embarazo no deseado, en situación conflictiva con la pareja, sentimiento de rechazo o abandono hacia el sexo del bebé, la vivencia de un trauma, el estrés, etc., son emociones que el bebé recibirá y que debido a su inmadurez no podrá equilibrar, quedándose grabado a nivel neurobiológico.


El PARTO nos habla de la primera autonomía que vivimos...


Lo que ocurre en el nacimiento tiene la tendencia a repetirse en momentos de autonomía en nuestra vida: cada vez que comencemos algo nuevo, nos independicemos, tengamos un proyecto o trabajo nuevo, nos casemos, etc. Por otro lado, el nacimiento es el primer choque físico y emocional prolongado que experimentamos y que quedará grabado a nivel inconsciente.


A lo largo de la vida tenemos muchos nacimientos simbólicos. Cada forma de nacer, por cesárea, de nalgas, prematura, parto tardío… nos hará afrontar los comienzos de manera distinta. Si por ejemplo naces por cesárea, en tus nuevos proyectos de vida sentirás que necesitas ser “sacado”, ayudado porque solo no puedes.


Ya en la PRIMERA INFANCIA, se determina la futura personalidad de la niña o el niño, y como verán el mundo que les rodea. Una de las primeras informaciones que grabamos, ya una vez fuera del útero materno, es EL APEGO.


Se entiende por APEGO al tipo de lazo emocional y afectivo que surge entre dos individuos y que genera la voluntad de permanecer en la cercanía o en contacto con el otro.


Según John Bowlby, creador de la Teoría del apego, el tipo de apego que vivimos en nuestra primera infancia incidirá en la estructura, psíquica y relacional durante toda la vida. Existe el Apego evitativo, desorganizado, inseguro, ambivalente y preocupado. Si no hemos recibido de papá y mamá (porque no estaban el tiempo necesario con nosotros, por fallecimiento de alguno de ellos, por enfermedad, etc.) la atención necesaria, y se han quedado al descubierto las necesidades básicas de supervivencia, buscaremos de adultos recibir esa atención en los demás, de una manera desequilibrada.


Equilibrar toda esta primera parte de la vida ahora que somos adultos, volver a ser por un momento el bebé o la niña o niño que fuimos, poder vernos de nuevo entendiendo que aquello que vivimos nos condiciona la forma de vivir la vida ahora, es una manera de comenzar a vivir desde nuestra verdadera esencia, aprendiendo a amar esa niña o niño que llevamos dentro y darle todo aquello que no pudo tener.



Autora: Esther Carmona.

Terapeuta y Acompañante para la sanación de las heridas de la infancia.

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