Una vida llena de Paz



Considero la paz un ingrediente esencial de la felicidad. Casi se puede decir que sin paz es imposible la felicidad. Pero no sólo la paz externa, es decir que no haya guerras y conflictos, sino sobre todo nuestra paz interna.

Porque justamente la una es consecuencia de la otra. Si queremos un mundo en paz debemos empezar construyendo esa paz dentro de nosotros. ¿Y cómo podemos construir esa paz? Trabajando cada día sobre nuestras emociones, sobre nuestros pensamientos y sobre nuestra actitud ante los problemas.


No es tarea fácil, lo sé. Es un trabajo continuado sobre nosotros mismos el que nos permite poder llegar a un estado de paz interior que nos haga sentir plenos y felices.


Aún recuerdo mi años de primaria, cuando aprendí la Oración de la paz de San Francisco de Asís. De todas las oraciones que pudieron enseñarme las monjas franciscanas, a quienes recuerdo con cariño, ésta es la que siempre me llegó más al corazón y nunca he podido olvidar. Años más tarde me alegré aún más al descubrir el libro de Wayne W. Dyer, La fuerza del espíritu, dedicado a esta oración. ¿Y sabes que dice en la portada de ese libro? Hay una solución espiritual para cada problema. Y yo creo que es cierto, porque los problemas nos quitan la paz. Pero más que los problemas, lo que nos quita esa paz es la forma como los vemos y como nos enfrentamos a ellos.


Por tanto asumir el día a día desde nuestra paz interior, nos dará otra perspectiva de vida y nos permitirá estar cada día más cerca de la felicidad.


Esta oración es un verdadero decálogo para la paz, por eso quiero compatirla contigo hoy y si te ayuda de alguna manera conocerla y hacerla parte de tu vida, me alegrará saber que te ha gustado:


Señor, haz de mi un instrumento de tu paz: Que allá donde hay odio, siembre amor. Que allá donde hay ofensa, perdón. Que allá donde hay duda,siembre Fe. Que allá donde desesperación, ponga yo la esperanza. Que allá donde hay oscuridad, ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, como consolar, ser comprendido, como comprender, ser amado, como amar. Porque es dando como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna.


Como os decía al principio, no es tarea fácil. Pero poco a poco podemos estar más cerca de esa tan anhelada paz utilizando esta o cualquier otra herramienta que te pueda ayudar.


Hoy además de esta oración te quiero compartir un mantra que me gusta mucho y que es el mantra de la paz: OM NAMO NARAYANAYA. Se dice que este mantra te ayuda a encontrar tu unidad interior y conectar con tu divinidad. Te ayuda a traer la paz a tu corazón y así compartirla al mundo. LLámame soñadora, pero yo me apunto a recitar lo que haga falta para ayudar al mundo a encontrar la paz. Un grano de arena no hace una playa, pero si somos muchos granitos, algo se notará.


El siginificado del mantra es:


OM: es el sonido primordial, el primer sonido de la creación.

NAMO: es una muestra de respeto, reverencia y entrega desde lo más profundo del Ser.

NARAYANA: es Vishnu Narayana, el divino creador y preservador de todas las cosas.


Si eres más musical, te dejo por aquí el vídeo de Deva Premal interpretando este hermoso mantra. A mi me encanta escucharlo en meditación, es decir relajándonos y centrando nuestra atención en la respiración mientras lo escuchamos, permitiendo que su bella energía nos llene de paz y unidad con la creación.


Que la paz nos llene hoy y siempre.


Autora: Pilar Cañavera

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